martes, marzo 21, 2006

Música colombiana

Alguna vez hablando por chat con alguien de otro país me dijo que le gustaba la música colombiana. Yo quedé sorprendidísima. No porque me parezca increíble que a alguien le guste la música colombiana, sino porque me pregunté cómo y dónde la habría podido escuchar. Pues bien, el chatero se refería a Carlos Vives, Shakira, Juanes, Aterciopelados, etc. Y bien, me dije, pues sí, ellos también son música colombiana. Sin embargo, en Colombia, cuando, se habla de música colombiana se entiende la música folclórica colombiana. A mí me encanta la música colombiana, en especial la del interior del país: los bambucos, los pasillos, las guabinas, etc. Y tengo que confesar que mis temas favoritos generalmente son los más tristes del repertorio musical.
El tema viene a propósito de dos cosas: uno, transcribir la letra de uno de esos temas favoritos. Dos: resaltar un blog dedicado a difundir esta música. Se llama “Bandolitis” y tiene, incluso, su propia emisora. Super apropiado para quienes quieran escuchar música de la tierrrrrrita. Bueno, combina con temas varios, pero el énfasis es música andina colombiana. Así que si esta entrada le genera a alguien algún interés por conocer la música colombiana, la tradicional, lo invito a que visite ese sitio. Y si acaso es colombiano el que lo lee, está doblemente invitado.
Va la trascripción:

¿A quién engañas, abuelo?
Autor: Arnulfo Briceño
Ritmo: Bambuco

¿A quién engañas abuelo?
Yo sé que tú estas llorando,
ende que taita y que mama
arriba están descansando;
nunca me dijiste cómo,
tampoco me has dicho cuándo,
pero en el cerro hay dos cruces
que te lo están recordando.

Bajó la cabeza el viejo
y acariciando al muchacho
dice "tienes razón, hijo,
el odio todo ha cambiado:
los piones se jueron lejos
y el surco está abandonao
a mí ya me faltan juerzas,
me pesa tanto el arao
y tú eres tan solo un niño
pa' sacar arriba el rancho".

Me dice Chucho el arriero,
el que vive en los cañales
que a unos los matan por godos
y a otros por liberales


¿Pero eso qué importa abuelo?
¿Entonces qué es lo que vale?
Mis taitas eran tan güenos,
a naide le hicieron males.
Sólo una cosa compriendo:
que ante Dios somos iguales.

Se aparecen en elecciones
unos que llaman caudillos
que andan prometiendo escuelas
y puentes donde no hay ríos,
y al alma del campesino
llega el color partidizo,
y entonces aprende a odiar
hasta a quien fue su buen vecino,
todo por esos malditos
politiqueros de oficio.

Ahora te comprendo abuelo
por Dios no sigas llorando.

Carlos Gaviria Díaz

El domingo 12 de marzo se realizaron en Colombia elecciones parlamentarias y dos consultas de partido. A pesar de los resultados que registran cómo la mayoría del Congreso quedó en manos uribistas, yo me sentí ganadora porque todos por quienes voté, salieron elegidos: Gustavo Petro, para el Senado. Germán Navas Talero, Cámara por Bogotá. Y, el que más orgullo me produce, Carlos Gaviria Díaz como candidato único del Polo Democrático Alternativo a la presidencia. Mi orgullo parte de sentirme apoyando, por primera vez en muchos años de vida electoral, al mejor candidato que hay en el momento. Creo que Carlos Gaviria es un candidato de lujo. En general, yo he apoyado al menos malo. En realidad creo que todos, siempre, hemos apoyado al menos malo. En el caso de Carlos Gaviria Díaz, él es el mejor. Infortunadamente algunas de las características que lo hacen el mejor, deberían ser cualidades en todo candidato: honestidad, honradez, transparencia y una vida pública intachable. Además de estas cualidades Carlos Gaviria Díaz es un hombre de leyes que cree realmente en las leyes y está comprometido por completo con el Estado Social de Derecho. La primera vez que supe de él, fue en mi primer trabajo editorial “formal”, por allá en el año 1994 tal vez. Debimos preparar y publicar las sentencias emitidas por el Consejo de Estado y la Corte Constitucional. Él hizo parte de la mejor Corte Constitucional que Colombia ha tenido. Fue una Corte estrella. Recuerdo que cuando leía sus sentencias siempre quedaba asombrada por la exposición de motivos que él hacía, o cuando salvaba el voto. Por supuesto, en un principio, su nombre, el de Carlos Gaviria Díaz, era solo el nombre más de un magistrado. Pero al leer una a una sus sentencias, la sensatez de sus ideas, la amplitud de mente que demostraba, el respeto por las diferencias, la comprensión de sociedad que exhibía, no pudieron menos que llamar mi atención y grabar con admiración y respeto su nombre en mi memoria. Él es una de las mentes colombianas más brillantes que existen en la actualidad. Desde entonces he seguido con atención su recorrido y guardaba la esperanza de que algún día se lanzara a la arena política. Sabía que no era fácil porque además de ser un hombre de leyes es también un hombre académico, y pasar de un aula de clases a una plaza pública es como pasar del agua al aceite. Pero lo hizo, primero como senador y ahora como candidato a la presidencia. En fin... creo en Carlos Gaviria Díaz. No con fe, sino con razones, porque sé que alguien como él, siendo presidente, toda decisión que llegara a tomar, la tomaría pensando en el beneficio del país, no en el propio. Porque sé que no manipularía a su favor la Constitución, ni compraría con cargos a sus adversarios para debilitar a la oposición, porque haría lo que esté en sus manos por combatir la impunidad legalizada bajo leyes de “verdad y justicia”, que procuraría devolver al país a la senda correcta dentro de un marco constitucional –a nosotros que, de tanto tomar atajos, ya olvidamos el camino-.Soy realista y sé que cuatro años no bastan para restablecer lo que por más de cincuenta años se ha echado cuesta abajo. No aspiro a que después de Carlos Gaviria Díaz la pobreza en el país haya desaparecido, a que arrojemos cifras espectaculares de calidad de vida o ingreso per cápita, que los armados al margen de la ley hayan desaparecido por arte de magia y vivamos en el paraíso. No. Como digo, creo en Carlos Gaviria Díaz con razones, no con fe, con sentido de realidad, sin esperar milagros. Aspiro, “simplemente” a que en cuatro años, el país se encuentre en un marco con guías claras, con reglas claras y “cumplibles”. Aspiro a que su sentido de justicia (qué lástima que esta palabra de tan utilizada ya ha perdido su valor), desate los nudos que mantienen esta guerra atada a nuestro país. Aspiro a ver restablecido al ser humano como medida de todas las cosas. Aspiro a que en cuatro años tengamos el tiempo, la sensatez y la “resignación” para ver, contar y evaluar los destrozos causados durante todos estos años a nuestra sociedad y a nuestros recursos. Aspiro a que tengamos la determinación de no continuar escribiendo estas páginas vergonzosas de nuestra historia y solo volver a ellas para recordar a los caídos y mantenernos en la determinación de no repetirlas.Ojalá, si llegamos a estar en un escenario tal, también nos acompañe la conciencia y la voluntad de empezar a construir nación.